VIDA,
OBRA Y MILAGROS DE RIGOBERTO TRUJILLO DE TEJADA
INTRODUCCIÓN
Puede
que fuese la Providencia, quizás el azar, pero está claro que haber
nacido en un pesebre, rodeado de bueyes, mulas y suciedad, como
también fue su caso, algo tiene que marcar. Estoy hablando,
por supuesto, de Rigoberto Trujillo de Tejada. Santo, teólogo,
profeta, mártir y sobre todo creyente. Un buen cristiano que pasará
a la historia como el último apóstol. Un apóstol que,
anacronismos y últimas cenas aparte, tuvo la mala suerte de errar su
fecha de nacimiento; en concreto más de veinte siglos. Sucedió la
gélida noche del 24 al 25 de diciembre de 1959. Sus padres, José
(un pobre carpintero dedicado en cuerpo y alma a repartir briconsejos
entre sillas, armarios y estanterías) y María (amadísima esposa y
mejor madre), huyendo de una injusta y partidista persecución por
parte del Benemérito Cuerpo de la Guardia Civil, se vieron obligados
a refugiarse (según maledicentes chismorreos sin fundamento,
portando tres mil cajetillas de tabaco proveniente del estraperlo
andorrano) en un establo medio abandonado en San Clemente de Tahull,
provincia de Lérida (actual Lleida). A su feliz advenimiento
acudieron cientos, qué digo cientos, millones de pastorcillos de la
comarca a cantar para solaz y disfrute de la nueva criatura. Sonaron
grandes éxitos de ayer y de siempre: Campana sobre Campana, La
Internacional, A las Barricadas, Allá en el Rancho Grande, Caminito
de Belén, La Marimorena… También se presentaron tres extraños
tipos que afirmaban ser reyes de lejanos países de oriente
(Pakistán, Tailandia y Jamón de Guijuelo) y que portaban consigo
oro (que resultó ser mero latón), incienso y birra, en concreto mil
trescientas litronas de la época, de resultas de las cuales el
karaoke bucólico-pastoril allí montado acabó en una ebria algarada
de ruidos y gritos sin fundamento.
Tras
una anónima infancia (pareciera que la tierra se lo hubiese
tragado), no volvimos a saber de él hasta cumplidos ya los treinta,
en lo que se conoce como su período de vida pública. Qué fue de él
durante ese tiempo es una incógnita, una isla desierta a la que sólo
podemos acercarnos ejercitando el sueño y la imaginación. Se
cuentan muchas historias sobre Rigoberto, probablemente todas falsas,
que si se ganó la vida como conductor de rickshaws en Shangai, que
si fue azafata del 1-2-3 en la época de Mayra Gómez Kemps,
mamporrero en una explotación ganadera del Matto Grosso, actor
secundario en Regreso al futuro II, diseñador de Gucci, fotografo de
Playbloy, guionista de El Lute: Camina o Revienta, jugador de
blackjack en el casino de Torrelodones, guitarrista de Joaquín
Sabina, costalero del Cristo del Gran Poder en Sevilla… Y así
podríamos seguir rellenando folios y folios durante horas. La lista
es interminable. Pero no es éste el tiempo ni el espacio para
especular con rumores e incertidumbres. Vayamos pues a los hechos
probados, a los estigmas que dejó su vida en el mundo que le rodeó,
a la carne abierta en la que pueden verse reflejados todos los
escépticos que sólo entienden de dudas.
Así
pues, con este humilde ensayo, hagiografía más bien (estudio de la
vida de un santo), fruto de la probidad y las fuentes contrastadas,
no quiero sino dejar por escrito, para estudio y reflexión de
futuras generaciones, la figura del que ha sido ungido como el mayor
santo desde los tiempos de Santo Tomás de Aquino.
Para
que no se pierda en el olvido. AMEN.
EL
TEÓLOGO
Consciente
del peligro que representan las controversias dogmáticas, Rigoberto
orientó su labor pastoral a combatir abiertamente el arrianismo, es
decir, a quienes le niegan la naturaleza divina a nuestro señor
Jesucristo; al monifisismo, es decir, a quienes le niegan la
naturaleza humana a nuestro señor Jesucristo; al nestoranismo, es
decir, a quienes creen ver dos naturalezas separadas y nunca
coincidentes en nuestro señor Jesucristo, la humana y la divina; al
antimadridismo, es decir, a quienes le niegan la naturaleza merengue
a nuestro señor Jesucristo (malas personas, comunistas y por ende
antiespañoles). Todo ello acompañado de extensa, y más bien
densa, bibliografía.
Célebre
fue sin duda su opúsculo conocido como “Epístola a los
Calagurritanos”, donde desde un iniciático y metafórico viaje a
Tarso, es derribado por el brazo de Yahvé del no menos simbólico
caballo del escepticismo, para ser iluminado (previo beso del suelo
firme, a la manera de los nuevos Papas), como un nuevo San Pablo, por
esos renglones torcidos tan propios de la caligrafía divina. ( Un
apunte si se me permite: curioso fenómeno éste, el de la luz
cegadora/clarificadora, que tanta gloria ha repartido entre los
santos varones, desde los protomártires cristianos hasta los yogis
del Indostán). En él se despacha sin ningún pudor contra las ya
comentadas herejías y dicta una serie de lo que él llama “buenos
hábitos cristianos”. A la recomendable práctica de las conocidas
virtudes teologales (caridad, fe y esperanza) une un decálogo de
carácter higiénico-espiritual, en la mejor tradición de la regla
de San Benito:
-
Leer
a diario a San Anselmo, Iron Man y otros doctores de la iglesia. -
Ducharse
con decoro, esto es: con bikini de una pieza o bañador, según
corresponda a su género, siempre con el fin de evitar la tentación
de Narciso. -
No
comer lentejas ni demás vertebrados superiores. -
Ejercitarse
en la gimnasia sueca. -
Evitar
tacones y alzas los jueves, los días de viento y las fiestas de
guardar. -
Masticar
un mínimo de treinta veces antes de deglutir. Reconocida técnica
propuesta ya en el siglo XIX por el doctor Fletcher. -
Ejercer
la mendicidad, la cuestación, la taxidermia, la estadística social
y el sondeo a pie de urna. -
Rezar
orientados hacia alguno de los santos lugares de la cristiandad:
Roma, Jerusalén, Santiago de Compostela, Patatas Lays receta
campesina, Sydney o el Sporting de Gijón. -
Huir
del baile “agarrao” como de la peste o el ébola, culpable sin
duda alguna de esta época de decadencia que nos ha tocado vivir. -
Santificar
los miércoles de ceniza, el día del espectador y, en su caso, las
torres Kio.
Pero
también Rigoberto, como buen orador que se precie (un Demóstenes o
un Cicerón con denominación ibérica), supo valerse de su voz para
conectar con todos aquellos dispuestos a escucharle. El lugar era lo
de menos. Ya fuera en un mercado, un aparcamiento, las afueras del
Vicente Calderón o el púlpito de una iglesia, Rigoberto siempre
daba con la palabra y el tono justo para transmitir el mensaje
divino. E igual que otros hicieran antes, también él se sirvió de
las llamadas parábolas como instrumento y objeto de su apostolado:
“El concejal y la zarigüeya”, “El perdulario y la zarigüeya”,
“El hipócrita y la zarigüeya”, “La meretriz y la
zarigüeya”… Todas ellas recogidas bajo el acertado título de
“La comadreja y el Turrón de Xixona”. Muy celebrada fue su
parábola de “El banquero y la zarigüeya”, aquélla que concluye
con esta recordada sentencia: “Es más fácil que un rico pase por
el ano de un camello que entre en el reino de los cielos”.
EL
HOMBRE DE LOS MILAGROS
Aficionado
a la medicina milagrosa, Rigoberto centró su don curativo en la
sanación de aviesas hemorroides, fístulas y úlceras purulentas del
último tercio del tracto digestivo. Tal llegó a ser su fama, que a
diario acudían a él cientos de desesperados como última solución
a sus incómodos males. Su técnica era bien sencilla a la par que
definitiva. Se basaba en la imposición y remoción de lengua, labios
y cara interna de su santa carrillera allí donde campase el dolor;
me estoy refiriendo, obviamente, al recto y colon. Consiguiendo de
este modo el alivio instantáneo del enfermo así como asco, arcadas
y vómitos en el público allí congregado. Su acertado sobrenombre
de “El Divino Proctólogo” proviene, como es lógico, de su
escatológico aunque eficaz proceder. Y es que, a años luz de
cualquier tipo de escrúpulo, Rigoberto, henchido de esa eterna
sonrisa de la que siempre hacía gala, despachaba todos los problemas
con una frase que él tomaría como una firme actitud ante la vida:
“al mal tiempo buena cara”. Y bien cierto es, ya que su otro
milagroso don fue la meteorología y la modificación del tiempo
atmosférico. Sabedor del grave problema que suponen las sequías en
nuestro amado y caro país, se dedicó a estudiar e investigar la
forma de generar lluvia allí donde más se necesitaba. Ni la danza
de la lluvia de los cherookes, ni los poderes mutantes de Tormenta (
de los X-men), le convencieron. Tuvo que ser la oración y los ruegos
dirigidos a San Judas Tadeo, colega en el santoral y patrón de las
causas perdidas, el que le mostrase el camino a seguir. Así,
reconvertido en aguador, o más bien en portador de chubascos y
precipitaciones diversas, Rigoberto, con su mesiánico discurso del
clima, se dedicó a difundir la palabra divina a la par que sembraba
de abriles los secos y achicharrados páramos de nuestra piel de
toro.
Hay
un firme consenso en la comunidad científica a la hora de afirmar
que fue precisamente Rigoberto quien salvó a la huerta murciana de
una más que segura desertización. De ahí que los agricultores
pimentoneros erigiesen una estatua ecuestre en su honor; donde
Rigoberto, con bastón de mando y un mapa de isobaras, monta un
percherón con un sospechoso parecido a Briggitte Bardot.
EL
PROFETA
Con
la misma seguridad y precisión que una navaja o un reloj suizo,
Rigoberto se descubrió capaz de reducir el presente al tiempo del
mañana. Así, en su no tan conocida faceta de profeta se le puede
igualar, sin miedo alguno a caer en la exageración, con Isaías,
Daniel. o el mismísimo Jonás Fue él, sin ir más lejos, quien
pronosticó el triunfo del VHS sobre el Beta. Pero sus dotes
adivinatorios no se quedaron en meras curiosidades, también supo
valerse de ellos para mayor gloria del Hacedor, y por ende de
la humanidad entera. Suyas fueron apuestas tan arriesgadas como
predecir, con más de veinte años de antelación, los efectos del
calentamiento global, el mal de las vacas locas o la victoria de
España en la Eurocopa de 2008. Todos ellos desastres y catástrofes
que bien pudieran haberse evitado de haberle hecho caso. Pero la
Historia está ahí para poner a cada uno en su sitio; y mientras
Rigoberto espera tranquilamente, supongo que en una hamaca a la
sombra de un buen mojito, a que llegue la hora del juicio final,
otros se dedican a ladrar su rencor por las cuatro esquinas del mundo
maldiciendo su mala suerte.
Bien
es cierto que sus profecías no siempre son evidentes a primera
vista. Ocultas bajo una pátina de hermetismo, esconden profundos
secretos prestos a ser digeridos e interpretados. Este oscuro
lenguaje, tan propio de las revelaciones, ha sido comparado con
antiguos textos gnósticos, pitagóricos, pornográficos e incluso
con el Apocalipsis de San Juan. El Armageddon parece una constante en
toda su obra; así, de entre todas sus profecías, destaca una por su
extraña evocación a un eterno retorno y fin de la Historia: “Cuando
el cielo se haga carne, dos lágrimas azules vendrán a buscar al
Hijo de Dios y sólo habrá silencio”. Ciertos sabios han querido
ver en esas palabras el anuncio de una próxima invasión alienígena
con la que dará inicio, al más puro estilo “trompetas de Jericó”,
el fin de la humanidad . Dios quiera que se equivoquen.
EL
BUEN SAMARITANO
Haciendo
de la caridad y el amor al prójimo una camino a seguir y perseguir
en su vida, Rigoberto se entregó en cuerpo y alma, sin pedir nada a
cambio, a quienes más le necesitaron. Su gran corazón le impedía
ver el sufrimiento ajeno sin hacer nada al respecto. Así, como si se
tratase de un quijotesco maná caído del cielo, se dedicó a
enderezar entuertos y socorrer a todo el que se encontró a su paso,
sin importarle tabúes ni prejuicios. Prueba de ello fue la gran
amistad que siempre le unió a Mario “El Magdalenas”, un chapero
de El Ferrol que gracias a él abandonó las calles para descubrir la
biblia.
Pero
no sólo los trabajadores del sexo buscaron en él refugio y
comprensión; también procedieron de igual modo los leprosos, los
epilépticos, los enfermos de sida, los gordos, los feos,los culés…
todos nosotros. Por eso la santa madre Iglesia (que sin habernos
parido nos acoge en su seno), con su infinita sabiduría, recomienda
rezarle tres padresnuestros, cuatro avemarías, cinco credos y
catorce jesusitos-de-mi-vida para que interceda por nosotros ante el
Altísimo cuando sintamos que la pena aflige a nuestro corazón.
EL
MARTIR
Que
la envidia es un mal endémico de nuestro país ya lo sabíamos. Que
pudiera acabar con un alma tan noble como la de Rigoberto no podíamos
ni sospecharlo. Sucedió en la semana santa de 1993 (contaba entonces
con 33 años), en una de sus giras meteorológicas que le llevó a
Pinillos de Cameros, un pueblecito riojano (peligroso hormiguero de
bárbaros y paganos) enclavado en la sierra e ignorado por el resto
del mundo.
Pese
a que el recibimiento fue inusualmente cálido (a su llegada le
esperaba una legión de palmeros celebrando su bienvenida a lomos de
un llama, pues no había encontrado mejor medio para vencer su
escarpada topografía), diríase que prometedor, poco le duró la
alegría, pues la inquina, la delación y la hipocresía no tardaron
en aparecer. Sin tiempo para asimilarlo, pudo comprobar cómo es éste
un mundo repleto de enanos, fariseos y correveidiles dispuestos a
vender su alma por un mísero plato de lentejas. Los gerifaltes y
señoritos locales, adivinando una posible sombra a su incuestionable
poder, pusieron en su contra a todo el pueblo bajo embustes y
mentiras evidentes. Éste, cegado por la inercia de la masa, exigió
justicia (¿¡qué justicia!?), entregando a Rigoberto a la autoridad
competente para que le juzgase por sedición e invitación a la
revuelta.
El
alcalde, Porfirio Poyatos, haciendo gala de una higiene bastante rara
en su persona, decidió lavarse las manos por una vez en su vida y
dejar que fuese el vulgo quien decidiese. Así, una turba de
enloquecidos exaltados, seguidores de Antena 3 para más inri,
practicaron la caída del imperio romano en su persona. Con una
corona de zarzas y una retahíla de latigazos a modo de toda prenda,
le obligaron a arrastrar una (muy cuca por otra parte) cruz de madera
lacada a la cima del cercano Monte Mataloscuervos (versión cañí de
aquel Gólgota sobre los cielos de Jerusalén). Otra vez la cruz como
metáfora y fin último de la cristiandad…
Grapado
a los maderos por muñecas y tobillos, y con un cartelito en el que
podía leerse “TQM”, fue izado a la espera de una dolorosa y
segura muerte. Aprovechando la ocasión, también fueron ajusticiados
otros dos reos. La imagen era un fiel reflejo de la España más
negra. En el centro, y consumiéndose lentamente, se erigía
Rigoberto. A su derecha, un juez de línea incapaz de juzgar los
fueras de juego más allá de su antireglamentario estrabismo; a su
izquierda, un supuesto ecologista que había llevado su amor por los
animales a un plano mucho más carnal (cosa que, al parecer, no era
del agrado de criadores de gallinas, conejos, cabras y morsas)
El
espectáculo había congregado a todo el pueblo y parte de la
provincia. Tras tres horas de espera, y viendo que la cosa decaía,
un cabo de la policía municipal, intuyendo una oportunidad para la
mofa y el lucimiento personal, le lanzó el palo de una fregona
Vileda a modo de jabalina, hiriéndole en el costado y aumentando así
la hilaridad de los allí presentes. Dicen que de sus costillas brotó
agua, otros sostienen que fue vodka con ginebra. No les dio tiempo a
comprobarlo porque en ese instante el cielo se rompió en dos y
empezó a llover con las proporciones de un nuevo diluvio universal
(quizás aquel “Cuando el cielo se haga carne, dos lágrimas
azules vendrán a buscar al Hijo de Dios y sólo habrá
silencio”…).
Fue
entonces cuando Rigoberto, venciendo a sus agónicos estertores,
pronunció sus últimas palabras: “Padre (en clara alusión a
Dios), aplástales sus gónadas sexuales, que bien saben estos putos
cabrones lo que se hacen.” Y en efecto, ya sólo hubo silencio.
EPÍLOGO
PARA RUMIANTES Y AUSTRALIANOS
Hubo
que esperar al 21 de octubre de 2002, bajo el glorioso papado de Juan
Pablo II, para que fuese canonizado y entronizado por la Iglesia.
Elevado a los cielos en una emotiva ceremonia que unió la
oficialidad del acto con el fervor popular. Tras una misa oficiada
por el Papa, a la que asistieron los obispos de más 150 diócesis,
tuvo lugar un concierto homenaje retransmitido para todo el mundo por
MTV y Canal Cocina. El cartel incluyó lo mejor de cada casa: Bon
Jovi, La Familia Kelly, Banda Sonora de Ghost, Sabrina (que volvió
loco al personal con su “Boys, Boys, Boys…), David Civera, La
Polla Record, Black Sabbath, Celine Dion en un dueto con Pep
Guardiola, Mocedades, Luis Aguilé, U2… El momento álgido tuvo
lugar cuando apareció Elton John acompañado únicamente de un piano
blanco de cola. Iluminado por un foco de luz y con la noche como
paisaje de fondo, interpretó una canción que había compuesto para
la ocasión: Rose of Spain
Que
su legado no se pierda. AMEN
EDUARDO.
INVIERNO 2009-2010
Amen pues, muy interesante la historia de este santo (fue santificado también no..?) el Rigoberto Trujillo de los Trujillos de toda la vida de D. amen otra vezMe estaba preguntado si la historia es tuya, que hacía la misma por blogspot? o como se diga… en finHasta la vuelta.